SONY RX100: Pequeña pero Matona

He decidido incluir en esta web un apartado especial dedicado a una de esas cámaras que, por alguna más que comprensible razón, se coló en mi alma y, de paso, en mi bolsillo, desde el primer día que la compré. Una cámara que, con el tiempo, se ha ido convirtiendo, poco a poco en un objeto de culto.

Muchas son ya las versiones, van por la 5, que se han hecho de esta cámara, pero para mí fue, y sigue siendo, una joya desde el primer modelo; que, por cierto es el que sigo utilizando. No es que desprecie las nuevas mejoras que se han ido introduciendo en ella: visor, conexión WiFi; pantalla abatible; mejora brutal en la rapidez de enfoque; etc, etc. Lo único que pasa es que me he acostumbrado de tal modo a ella (y sospecho que ella a mí) que no me atrae lo más mínimo cambiar de modelo: con lo que me da, me basta y me sobra. Va envejeciendo, claro, y comienzan a fallarle pequeñas piezas mecánicas, a remolonear a la hora de encenderse -de vez en cuando, no siempre- a chirriar el dial o rueda dentada de la parte posterior…

Pero me da igual. Son cosas perdonables y que me compensa con su nobleza y fidelidad a la hora de ayudarme a trabajar; a captar e inmortalizar momentos; a disfrutar con la asombrosa calidad de su objetivo Zeiss Vario Sonnar (otra auténtica joya) y a asombrarme, a la hora de editar, con la sorprendente, casi mágica calidad de su sensor de 1” y su procesador correspondiente. Una cámara pequeña y rectangular, pero “grande” y “redonda”. Va conmigo a todos lado; ya forma parte de mí, de alguna forma. Si alguna vez la olvido en casa, parece que me falta algo. Nunca he sido demasiado amigo de las pequeñas pijadas que incluyen muchas cámaras compactas (ahora también las de más envergadura y pretensiones); esos programas predeterminados para puestas de sol, escenas de playa, retrato, fotografía nocturna (me gusta currármelo yo solito),como tampoco las que incluyen efectos especiales, tipo acuarela, efectos gráficos, filtros diversos, etc.

Pues bien, ¡otra sorpresa! - algunas veces, uno se siente juguetón y con ganas de enredar, olvida sus “principios” y, a pesar de todo, decide investigar un poco esos “efectos raros” que traía la cámara y que hoy te regalan ya casi todos los modelos de cámaras nuevas (compactas de gama baja, media, alta y hasta algunas sin espejo de prestaciones de alto nivel) y descubre que, al menos, hay dos de esas prestaciones extra que no sólo no le parecen mal, sino que sencillamente le fascinan. Es lo que me pasó a mí con un efecto que se llama “Ilustración” (tiene tres intensidades: alta, media y baja”; yo utilizo la “alta”) que puede dar verdadero juego a la hora de crear algo diferente y atractivo.

Puede que incluya un nuevo apartado en algún momento para mostrar las cosas tan curiosas que se pueden lograr con ese efecto. Pero el que realmente me dejó patidifuso fue otro efecto (si es que se le puede llamar así) que denominan sus creadores, como “Blanco y Negro de Alto Contraste” (también tiene “Blanco y Negro”, a secas; y Blanco y Negro “enriquecido” - no sé cómo traducirlo -. El caso es que el único que me llamó la atención fue el primero de los descritos: “Blanco y Negro de Alto Contraste”; los otros me parecieron poco interesantes; sobre todo teniendo en cuenta que a mí me gusta convertir las fotos a Blanco y Negro fuera de la cámara, ya en post producción. 

¿Por qué, entonces, decidí adoptar uno de los modos de Blanco y Negro incluido en los extras de la cámara? Sencillamente, porque, desde el primer momento, aprecié algo especial, casi mágico, totalmente diferente, en la tonalidad y estética del Blanco y negro que aportaba. Nada que ver con esas fotografías planas y exentas de interés que nos regalan esos modos de Blanco y Negro integrados en muchas cámaras. Así es que lo he utilizado con cierta frecuencia a la hora de fotografiar motivos que se prestaban a ello, por la temática, el tipo de luz ambiental o ambas cosas. 

Ya apuntaba al principio de este escrito, que la pobre cámara va envejeciendo conmigo y comienza a tener achaques; todavía ninguno que le afecte a lo esencial: sencillamente, envejece… y mal, como, por desgracia, todas las cámaras Sony que han ido pasando por mis manos. 

Son duras y fiables, no nos engañemos, pero, con el tiempo, por alguna razón que desconozco, se deterioran mucho más que las de otras marcas, especialmente el “envoltorio”. La pantalla LCD presenta como burbujas en los bordes (como si quisiera o fuera a despegarse); los diales y rueditas se vuelven frágiles y poco fiables; y hasta el visor (ahora hablo de la 7RII; palabras mayores; la RX100 que poseo todavía no tenía visor; sólo pantalla LCD) comienza a almacenar humedad entre los cristales que lo componen, formándose irisaciones de color y alguna burbuja microscópica que, aunque no afectan para nada a la hora de mirar a través de él, desmerece un poco la calidad general de los componentes que integran el cuerpo de la cámara. Yo le perdono eso y más a una herramienta que, en lo esencial, se comporta irreprochablemente. Y ese es el caso de la RX100, de la RX10M4, de la ILCE 7RM2; cámaras que con el tiempo y mucho uso acaban manifestando esas deficiencias, pero que, aún y así, siguen comportándose como auténticas jabatas a la hora de hacer fotos, que es de lo que se trata. Así pues, este es el motivo de que haya incluido un apartado especial para ese tipo de fotos tomadas originalmente en la cámara en ese modo de Blanco y Negro del que os hablaba.

Prefiero que juzguéis vosotros mismos la calidad de las mismas, independientemente de los méritos artísticos que puedan o no tener; simplemente me interesa resaltar y daros a conocer un modo de fotografiar en Blanco y Negro con este modelo de cámara (ignoro si las versiones posteriores de la RX100 a secas lo siguen manteniendo) que a mí, personalmente, me parece fascinante por la tonalidad especial que presentan y que no he visto en ninguna otra cámara que dispare en Blanco y Negro (Leica incluída). Es cierto que es un poco difícil y hasta algo laborioso lograr la exposición correcta, debido al contraste elevado que aporta a las imágenes este modo de “toma” (ya el nombre lo dice:¨Blanco y Negro de Alto Contraste”) y que hace difícil a veces conseguir el equilibrio perfecto para no acabar con una simple imagen bitonal: Blanco y Negro puros. Sin embargo, si sabemos escoger el motivo, la iluminación y, sobre todo, afinar en la exposición; incluso suavizarlas un poco recuperando algunos tonos y matices en post producción, o sea, al editarlas en Lightroom, Photoshop o cualquier otro programa de edición que te deje manejar niveles y contraste, creedme cuando os digo que podéis conseguir cosas muy interesantes. Yo, personalmente, he sido incapaz de reproducir ese tono especial que presentan las fotografías tomadas en este modo (o sea, Blanco y Negro directo de cámara), partiendo de imágenes tomadas en color y, luego, convertidas a Blanco y Negro en edición. 

Y esto es todo. Temo haberme enrollado excesivamente cantando las alabanzas de esta pequeña joya y olvidándome de la razón concreta que me impulsó a publicar este escrito: explicaros el por qué de ese apartado especial que titulo “La Increíble RX100”, pero que, en realidad, se refiere a este tipo de fotografía en particular: al modo “Blanco y Negro de Alto Contraste, leyenda que incluyo en el pie de foto de las que voy publicando, pero que a alguno puede parecerle una denominación un tanto enigmática. 

Espero disfrutéis con esta sección. Por supuesto, estoy abierto a toda clase de preguntas y sugerencias que queráis hacerme al respecto y, por supuesto a las de cualquier otro tipo; para eso he creado el “blog"

Un saludo cordial.

 Javier Rey