Ensayos / s /

SONY 18-135mm: Historia de una Desilusión

El caso es que necesitaba un objetivo de focal variable para dejar mi 7RII en casa y llevar conmigo la Sony 6500 a un viaje que tengo previsto realizar en breve. De poco me iba a servir dejar en casa la 7RII si le calzaba un objetivo descomunal a la 6500. Así pues, me decanté por ese nuevo 18-135mm de Sony que, al fin, se acordaba de los objetivos APS dedicados y fabricaba uno de rango focal suficiente y, sobre todo, un peso y volumen contenido y llevadero, Menuda alegría me llevé al descubrirlo. De modo que me lié la manta a la cabeza y me lo compré. ¡Para qué lo haría, XD!.

Al desembalarlo no me defraudó: discreto, ligero, manejable; con un interruptor dedicado en la montura del objetivo para alternar entre Foco Manual y Automático...

¡Pues, nada, a probarlo se ha dicho!.

Después de una sesión de fotos callejeras con él, montado sobre la Sony 6500, una vez en casa, me dispuse a visionar los resultados, aunque debo reconocer que ya en plena sesión comencé a preocuparme por algunas cosas que me empeñé en atribuir a lo poco luminoso y bastante mediocre LCD de la cámara (es uno de los puntos débles de la 6500, en mi opinión), Una vez en Lightroom, pude constatar que no era cuestión de una inadecuada previsualización de las fotos en la pantallita de la cámara; ¡en absoluto! Más hubiera querido yo. Resulta que este objetivo ofrece unos resultados pobres, pero pobres de solemnidad. El aspecto de sus imágenes es suave, muy suave, amén de plano y con aspecto de fotografía vista en un periódico, con ese aspecto un poco sucio, esa trama de celulosa del soporte del papel prensa... Es decir, poca nitidez, poca "alegría", o "punch", como dicen algunos; un aspecto gris y desvahido que no me gustaba absolutamente NADA.

Pero si ahí terminaran mis penas...

Pues no, había algo más, algo que me negaba a aceptar en una lente de este precio y fabricada por Sony que, además, está bastante bien considerada en algunas "reviews"... (?) Resulta que su enfoque es incierto y poco fiable. Hasta ahí podíamos llegar. A pesar de tener buen pulso y disfrutar del privilegio de la doble estabilización que le confería a la lente su propio estabilizador óptico, más el de la cámara (la 6500 ya lleva estabilizador interno), me aseguré muy mucho de respetar escrupulosamente la regla conocida de no disparar a una velocidad de obturación inferior a la máxima focal del objetivo. Teniendo en cuenta que ésta focal es de 135mm y calculando su equivalencia en 35mm, ya sabía que es como si tuviera un tele de 202, 203 mms aproximadamente. Nunca bajé de 1/250, aunque normalmente disparé a 1/320, incluso sin utilizar la focal más larga, A pesar de ello, el enfoque del objetivo me jugó más de una pifia. Y digo "el enfoque del objetivo", porque, hasta la fecha, esto no me ha ocurrido con ninguna de las otras lentes que manejo: la 24-70mm serieG de Sony, y el 35mm f.2.8 y 50mm f,1,4 de Samyang; o sea, no se trataba de la cámara.

Menuda desilusión!! Probé dos días más, pero nada. Terminé devolviendo el objetivo. Mi gozo en un pozo.

Aquí os dejo unos ejemplos de lo que he comentado:

Como veréis, no sólo he utilizado velocidades de obturación suficientes, sino que además, he procurado utilizar diafragmas no comprometidos o extremos; incluso en la foto de la pareja y la niña he utilizado f.5.6, o sea lo que denominamos el punto "dulce" de los objetivos APSC para esta cámara.

Juzgad por vosotros mismos.

Óptica defectuosa...? Hummmm. Me temo que este cristal no da mucho más de sí.

Las fotografías 1 y 2 son la misma, la segunda ampliada para que podáis apreciar en detalle, el "no detalle" de esta óptica. Las fotografías del grupo de chicas son tres intentos: sólo tuve éxito al tirar en 35mm; el resto desenfocadas. La de las casas con el puente al fondo es que no tiene desperdicio, también a 135mm. La del chico paseando al perro... pues eso... O sea que hay error de foco y, en ocasiones, también de estabilizador, sospecho.

Os recomiendo ampliar la página (click botón derecho sobre la imagen: abrir imagen en una pestaña nueva) para poder apreciar los datos técnicos de la toma: velocidad de obturación, diafragma, sensibilidad (todas a 100ISO), en la parte derecha superior e inferior de la interfaz de Lightroom.

Javier Rey, 7 de Junio de 2018.

SONY RX100: Pequeña pero Matona

He decidido incluir en esta web un apartado especial dedicado a una de esas cámaras que, por alguna más que comprensible razón, se coló en mi alma y, de paso, en mi bolsillo, desde el primer día que la compré. Una cámara que, con el tiempo, se ha ido convirtiendo, poco a poco en un objeto de culto.

Muchas son ya las versiones, van por la 5, que se han hecho de esta cámara, pero para mí fue, y sigue siendo, una joya desde el primer modelo; que, por cierto es el que sigo utilizando. No es que desprecie las nuevas mejoras que se han ido introduciendo en ella: visor, conexión WiFi; pantalla abatible; mejora brutal en la rapidez de enfoque; etc, etc. Lo único que pasa es que me he acostumbrado de tal modo a ella (y sospecho que ella a mí) que no me atrae lo más mínimo cambiar de modelo: con lo que me da, me basta y me sobra. Va envejeciendo, claro, y comienzan a fallarle pequeñas piezas mecánicas, a remolonear a la hora de encenderse -de vez en cuando, no siempre- a chirriar el dial o rueda dentada de la parte posterior…

Pero me da igual. Son cosas perdonables y que me compensa con su nobleza y fidelidad a la hora de ayudarme a trabajar; a captar e inmortalizar momentos; a disfrutar con la asombrosa calidad de su objetivo Zeiss Vario Sonnar (otra auténtica joya) y a asombrarme, a la hora de editar, con la sorprendente, casi mágica calidad de su sensor de 1” y su procesador correspondiente. Una cámara pequeña y rectangular, pero “grande” y “redonda”. Va conmigo a todos lado; ya forma parte de mí, de alguna forma. Si alguna vez la olvido en casa, parece que me falta algo. Nunca he sido demasiado amigo de las pequeñas pijadas que incluyen muchas cámaras compactas (ahora también las de más envergadura y pretensiones); esos programas predeterminados para puestas de sol, escenas de playa, retrato, fotografía nocturna (me gusta currármelo yo solito),como tampoco las que incluyen efectos especiales, tipo acuarela, efectos gráficos, filtros diversos, etc.

Pues bien, ¡otra sorpresa! - algunas veces, uno se siente juguetón y con ganas de enredar, olvida sus “principios” y, a pesar de todo, decide investigar un poco esos “efectos raros” que traía la cámara y que hoy te regalan ya casi todos los modelos de cámaras nuevas (compactas de gama baja, media, alta y hasta algunas sin espejo de prestaciones de alto nivel) y descubre que, al menos, hay dos de esas prestaciones extra que no sólo no le parecen mal, sino que sencillamente le fascinan. Es lo que me pasó a mí con un efecto que se llama “Ilustración” (tiene tres intensidades: alta, media y baja”; yo utilizo la “alta”) que puede dar verdadero juego a la hora de crear algo diferente y atractivo.

Puede que incluya un nuevo apartado en algún momento para mostrar las cosas tan curiosas que se pueden lograr con ese efecto. Pero el que realmente me dejó patidifuso fue otro efecto (si es que se le puede llamar así) que denominan sus creadores, como “Blanco y Negro de Alto Contraste” (también tiene “Blanco y Negro”, a secas; y Blanco y Negro “enriquecido” - no sé cómo traducirlo -. El caso es que el único que me llamó la atención fue el primero de los descritos: “Blanco y Negro de Alto Contraste”; los otros me parecieron poco interesantes; sobre todo teniendo en cuenta que a mí me gusta convertir las fotos a Blanco y Negro fuera de la cámara, ya en post producción. 

¿Por qué, entonces, decidí adoptar uno de los modos de Blanco y Negro incluido en los extras de la cámara? Sencillamente, porque, desde el primer momento, aprecié algo especial, casi mágico, totalmente diferente, en la tonalidad y estética del Blanco y negro que aportaba. Nada que ver con esas fotografías planas y exentas de interés que nos regalan esos modos de Blanco y Negro integrados en muchas cámaras. Así es que lo he utilizado con cierta frecuencia a la hora de fotografiar motivos que se prestaban a ello, por la temática, el tipo de luz ambiental o ambas cosas. 

Ya apuntaba al principio de este escrito, que la pobre cámara va envejeciendo conmigo y comienza a tener achaques; todavía ninguno que le afecte a lo esencial: sencillamente, envejece… y mal, como, por desgracia, todas las cámaras Sony que han ido pasando por mis manos. 

Son duras y fiables, no nos engañemos, pero, con el tiempo, por alguna razón que desconozco, se deterioran mucho más que las de otras marcas, especialmente el “envoltorio”. La pantalla LCD presenta como burbujas en los bordes (como si quisiera o fuera a despegarse); los diales y rueditas se vuelven frágiles y poco fiables; y hasta el visor (ahora hablo de la 7RII; palabras mayores; la RX100 que poseo todavía no tenía visor; sólo pantalla LCD) comienza a almacenar humedad entre los cristales que lo componen, formándose irisaciones de color y alguna burbuja microscópica que, aunque no afectan para nada a la hora de mirar a través de él, desmerece un poco la calidad general de los componentes que integran el cuerpo de la cámara. Yo le perdono eso y más a una herramienta que, en lo esencial, se comporta irreprochablemente. Y ese es el caso de la RX100, de la RX10M4, de la ILCE 7RM2; cámaras que con el tiempo y mucho uso acaban manifestando esas deficiencias, pero que, aún y así, siguen comportándose como auténticas jabatas a la hora de hacer fotos, que es de lo que se trata. Así pues, este es el motivo de que haya incluido un apartado especial para ese tipo de fotos tomadas originalmente en la cámara en ese modo de Blanco y Negro del que os hablaba.

Prefiero que juzguéis vosotros mismos la calidad de las mismas, independientemente de los méritos artísticos que puedan o no tener; simplemente me interesa resaltar y daros a conocer un modo de fotografiar en Blanco y Negro con este modelo de cámara (ignoro si las versiones posteriores de la RX100 a secas lo siguen manteniendo) que a mí, personalmente, me parece fascinante por la tonalidad especial que presentan y que no he visto en ninguna otra cámara que dispare en Blanco y Negro (Leica incluída). Es cierto que es un poco difícil y hasta algo laborioso lograr la exposición correcta, debido al contraste elevado que aporta a las imágenes este modo de “toma” (ya el nombre lo dice:¨Blanco y Negro de Alto Contraste”) y que hace difícil a veces conseguir el equilibrio perfecto para no acabar con una simple imagen bitonal: Blanco y Negro puros. Sin embargo, si sabemos escoger el motivo, la iluminación y, sobre todo, afinar en la exposición; incluso suavizarlas un poco recuperando algunos tonos y matices en post producción, o sea, al editarlas en Lightroom, Photoshop o cualquier otro programa de edición que te deje manejar niveles y contraste, creedme cuando os digo que podéis conseguir cosas muy interesantes. Yo, personalmente, he sido incapaz de reproducir ese tono especial que presentan las fotografías tomadas en este modo (o sea, Blanco y Negro directo de cámara), partiendo de imágenes tomadas en color y, luego, convertidas a Blanco y Negro en edición. 

Y esto es todo. Temo haberme enrollado excesivamente cantando las alabanzas de esta pequeña joya y olvidándome de la razón concreta que me impulsó a publicar este escrito: explicaros el por qué de ese apartado especial que titulo “La Increíble RX100”, pero que, en realidad, se refiere a este tipo de fotografía en particular: al modo “Blanco y Negro de Alto Contraste, leyenda que incluyo en el pie de foto de las que voy publicando, pero que a alguno puede parecerle una denominación un tanto enigmática. 

Espero disfrutéis con esta sección. Por supuesto, estoy abierto a toda clase de preguntas y sugerencias que queráis hacerme al respecto y, por supuesto a las de cualquier otro tipo; para eso he creado el “blog"

Un saludo cordial.

 Javier Rey

Pictar para iPhone

¡Ay Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?...... en manos de estos enigmáticos ingenieros de Pictar, quiero decir. Porque, señores, esto es lo más parecido a una fantasía atómico ortopédica que jamás mis meninges hubieran sido capaces de imaginar. Soy hasta freaky, si me pongo. Pero, estoooo. Oh, Lord, my Lord. Mi estupefacción es tan grande que no soy capaz de tranquilizarme y hacer una crítica reposada de este engendro surrealista que me acabo de comprar. Basura sin sentido, lo cojas por donde lo cojas.

Se coge bien, a qué negarlo; se trata de una empuñadura, en realidad. Pero... si sólo se cogiera, hasta tendría una razón de ser y eso. Lo malo es que pretende otras cosas que desconciertan a profesionales y, me juego lo que queráis, no interesan lo más mínimo a un aficionado a captar momentos y situaciones con un teléfono móvil, aunque se llame iPhone. 

Vamos a traducir, que la mala milk del momento; la cruel decepción me hace desbarrar y ponerme entre erudito e idiota. Digamos que se trata de un ... ¡yo qué sé!, que intenta emular a una cámara de las de toda la vida, pero en feo, plasticoso ("retro" sería un término fuera de lugar en este momento: un "título" excesivo para esta castaña) y que consigue (¡y lo consigue!: al César lo que es del César) que no te hagas la picha un lío a la hora de tomar una foto con esa ventana que llamamos iPhone 7 Plus, por ejemplo. O sea: es complicado, la verdad, tomar una foto con semejante mamotreto (del 7 Plus hablo) y que, encima no te salga movida al tocar la pantalla para disparar.

Esta carcasa, que, para mí, sólo tiene una finalidad práctica, consigue que dispares apretando un botón como el de las cámaras, aunque de tacto un tanto lento y poco fiable, y consigas una mejor foto en general, sin preocuparte de no poner los dedazos delante de la lente, ni buscar el circulito de disparo sin tapar, eso, la lente, ni.... Lo consigue, la verdad. Punto: se acabó el invento. Pues no es poco, os diréis algunos. Pues no, digo yo también. Lo malo es que el que inventó este engendrito de discutible estética no se conformó con el ingenioso y útil hallazgo (o fue mal aconsejado) y pretendió algo más para poder justificar un precio que, debió pensar, o le hicieron pensar, le reportaría más beneficios que los 25€ que, como mucho, podría cobrar por el hallazgo original.

Ultrasonidos; botones diversos para cambiar exposición, velocidad; balance de blancos; histograma... O sea, cosas que sobran a un principiante y engañan a un aficionado avanzado cuando las intenta utilizar. Son tantos los sin sentidos de esta "cosa"! que no sabría por dónde empezar. Y es que las múltiples funciones de su generoso menú resultan no servir para nada a un aficionado avanzado o profesional con ganas de enredar y sacarle partido a su iPhone, cuando descubre, estupefacto, algunas cositas. La primera, que tiene un pase y puede entenderse, es que este cacharro sólo funciona con la aplicación propia que debe bajarse de la red. ¿Y para qué necesito yo otra aplicación -podría pensar- si la que permite funcionar al engendrito tiene funciones más que de sobra para tomar una fotografía? Amigo mío, esta es la segunda sorpresa, la que termina de desconcertarte del todo y te hace pensar que el que parió este invento debió de perder la cabeza de tanto estrujarse el cerebelo y por eso acabó sacando al mercado un producto que no satisface ni a unos ni a otros. El usuario normal de un iPhone, sin demasiados conocimientos -o ninguno- de tecnicismos y otras pamplinas fotográficas, no está dispuesto a pagar algo más de cien euros por un soporte para la cámara que le facilita el disparo a la hora de tomar una fotografía gracias a un botoncito que emula al disparador de las cámaras de verdad, aparte de hacerle más cómoda la operación y regalarle una estabilidad siempre de agradecer a la hora de disparar y que la foto no salga movida. Sí, es una ayuda práctica y cómoda, pero, vaya, ciento y pico eurazos sólo por facilitarle el trabajo de fotografiar con el incómodo y aparatoso iPhone Plus... Porque el resto de funciones que integra la aplicación le interesan un pimiento: él quiere encuadrar, disparar y punto.

El aficionado medio o avanzado, o el profesional caprichoso y con ganas de enredar parece un destinatario más indicado para utilizar este invento de indescifrable filosofía, podríamos pensar. Pero... y esta es la patética sorpresa, resulta que la aplicación del aparatito no te permite disparar en modo RAW. O sea, de un plumazo, tira por tierra todas las expectativas que ese aficionado se hubiera creado respecto a este novedoso cacharrito. Como no terminas de creerte semejante despropósito, comienzas a indagar en el menú más a fondo hasta que, ya harto de no encontrar esa función escondida en alguna parte de la configuración de la aplicación, te informas en la red y acaban haciéndose realidad esos temores que te hacían comenzar a sudar, nervioso y decepcionado, al comprobar que te has gastado un montón de euros en algo que no te va a servir para NADA. Con este cacharro no puedes disparar en modo RAW. Y es entonces cuando tu desconcierto sube de tono y comienzas a preguntarte qué clase de tomadura de pelo, inocentada o cagada es esta que sostienes, atónito, entre tus manos. Y lo peor es que no puedes disparar utilizando otras aplicaciones que sí permiten utilizar este modo o formato de archivo.

¿Entonces...?

Sí, la pregunta del millón de euros: ¿para quién ha sido concebido este cacharro de indescifrable filosofía? 

Si a los unos les sobran funciones y menús y, aunque reconozcan que es de agradecer un aparato que les facilite el encuadre y toma de una fotografía, amén de evitarles un montón de fotos movidas gracias a su ingenioso botoncito de disparo, no les parece argumento suficiente para pagar más de cien euros por el mismo, y a los otros les viene de perlas todo ese montón de funciones, pero al no poder disparar en RAW, de pronto dejan de tener sentido y utilidad para ellos: ¿a quién va realmente destinado este cacharrillo? 

Me cuesta creer que al que inventó este feo pero, en teoría, tremendamente práctico aparatejo, se le haya ido la olla de semejante manera sacando al mercado un producto final que no es vendible, bajo mi punto de vista (ya sé que hay gente para todo) ya que ofrece poco por su precio para lo que van a utilizar algunos (disparar y punto) y mucho, pero sin sentido, ya que sólo te permite disparar en JPG,                            para lo que podrían utilizar otros. 

Así pues, si, como me temo, no lo devuelvo por pura vagancia, este será otro cacharro inservible más que pasará a engrosar mi colección de compras estúpidas.

Claro, que siempre queda la esperanza de que enmienden su error los señores de Pictar y decidan actualizar la aplicación introduciendo la posibilidad de tirar en formato RAW. Yo, al menos, les estaría inmensamente agradecido. Y mis aún estupefactas neuronas, también: al fín le vería un sentido a este, hoy por hoy, inservible juguetito.

Bienvenidos a mi nueva web

Desde la sección de blog iré escribiendo artículos, tutoriales, etc... sobre fotografía.